Federico García Lorca, a contraluna

Federico García Lorca, a contraluna

A contraluna

 

Edición de Miguel Losada y Manuel Neila
FEDERICO GARCÍA LORCA, A CONTRALUNA
Colección: Graffiti

ISBN: 978-84-946652-7-1
110 págs. 210 grs. 14 x 22 cm.
Encuadernación: rústica con solapas
C/IVA  12 € / S/IVA  11,54 €

PARTICIPAN:

Luis Cernuda, A un poeta muerto; Emilio Prados, Llegada; Paul Éluard, Critique de la poésie; Eugénio de Andrade, In memoriam; Gastón Baquero, Himno y escena del poeta en las calles de La Habana; Federico García Lorca, Pequeño vals vienés; Leonard Cohen, Take this waltz; Vicente Aleixandre, Evocación de Federico García Lorca; Ian Gibson, Aleixandre y su ‘Federico’; María Zambrano, Lo sacro en Federico García Lorca; José Lezama Lima, García Lorca, alegría de siempre contra la casa maldita; Enrique Moreno Báez, ‘La Barraca’. Entrevista con su director; Antonio Buero Vallejo, Lorca, hoy; Aquilino Duque, Entre Granada y Serendib.

FEDERICO GARCÍA LORCA, A CONTRA LUNA.
A la edición presentada a comienzos del verano pasado en la residencia de Vicente Aleixandre, en Velintonia, y poco después en las casas donde vivió Federico en Valderrubio y Fuentevaqueros, hoy convertidas en museo, se viene a añadir ahora un conjunto de textos que enriquecen el conocimiento de la figura del gran escritor, del que todavía quedan tantas cosas por decir. Junto al testimonio de su amigo Aleixandre, que nos cuenta “como era el poeta”, o el último artículo dedicado a Lorca por Ian Gibson, sin duda la persona que más tiempo ha empleado en investigar la vida y la obra del autor, incorporamos también una clarificadora entrevista de Moreno Báez, en la que Federico habla sobre La Barraca, aquella empresa teatral que llevó hasta los últimos rincones del país las obras de Calderón, Lope o Cervantes, entre otros. Y, si hablamos del teatro lorquiano, pueden resultar verdaderamente interesantes los comentarios de Buero Vallejo, autor clave en el desarrollo de nuestra escena teatral.

Miguel Losada

Una noche cálida y bulliciosa de mediados de julio, Federico llegó a la estación de Atocha para tomar el Expreso de Andalucía, con destino a Granada. Su situación en el convulso Madrid republicano se agravaba por momentos. Fueron a despedirle su compañero Juan Ramírez, con el que planeaba marcharse a México a la vuelta, y su amigo Rafael Nadal, a quien había encomendado algunos papeles esa misma tarde, por lo que pudiera pasar. Alto, rubio y sin amigos, Juan tomaba el tren correo para Albacete esa noche, con la intención de obtener el permiso familiar para marcharse a América. Era estudiante de administración pública, al tiempo que se iniciaba como actor en el Club Teatral Anfistora, donde se estrenaban las obras del poeta. Federico frisaba los treinta y ocho años, pero a su amante le faltaban dos para alcanzar la mayoría de edad, por lo que necesitaba la aprobación del padre, un reputado médico albaceteño.

Manuel Neila