Las ciudades que soy

Las ciudades que soy

 Jesús Díez Fernández
LAS CIUDADES QUE SOY
Colección: Narrativa
Novedad

ISBN: 978-84-946976-3-0
340 págs. 400 grs. 15 x 23 cm.
Encuadernación: rústica con solapas
C/IVA  18€ / S/IVA  17,31 €

 

JESÚS DÍEZ FERNÁNDEZ.  Nació en Sopeña de Curueño (León). Tiene publicados varios libros, de relatos: El niño del tren Hullero, La nieve sin derretir. De poesía: Clepsidra de otoño, Velamen de poniente. De fotografía: Afluentes del Curueño, Miradas en lo invisible. Toda su obra creativa, es un retrato de sí mismo. Desde la reflexión y el inconformismo de las ficciones literarias, nos acerca los sueños y la realidad, el deseo, sabe habitar el olvido, las ausencias, los paraísos perdidos. Todo lo escuchado en su interior y que luego escribirá, está concebido como un viaje. Él es un viajero sin brújula, descubriendo que existen más de cuatro puntos cardinales. Un doble viaje que convierte en revelador, con imágenes o palabras. Él regresa a los paisajes del alma, y a la memoria de las ciudades vividas.

LAS CIUDADES QUE SOY. Entre los brazos del escritor Jesús Díez, están desnudas las ciudades que él ha interrogado y que la distancia inventa. ¿Dónde terminan las ciudades, dónde comienza el escritor? Dónde encuentra las respuestas a lo ilimitado de sus deseos y sus miedos, de las sombras y los colores de las calles recorri­das, de las ficciones realizadas.

Más allá de los números que marcan las agujas de un reloj, en sentido contrario, el rostro del tiempo es un sueño que se aleja en los ojos del viajero. De regreso, él da comienzo a una y mil cartas de luz cegadora, donde una figura inmóvil y a la vez fugitiva, le interroga también. El escritor-viajero, anochece en las ciudades que es, y se enmascara del lodo de esa luna llena que se redondea de insomnio urbano, algo semejante a las bo­cas de los hornos encendidos.

Las ciudades que soy, es un libro de relatos hermoso y lúcido de extrañezas, donde abismarse en lo cómplice. El oscurecer, cruje bajo los pies de los viandantes sin brújula, recordándo­nos que sólo poseemos las ciudades que amamos.