Una maleta con cartas y alambradas

Una maleta con cartas y alambradas

Jesús Díez Fernández
Una maleta con cartas y alambradas
Colección
: Narrativa.
Novedad
ISBN
: 978-84-127949-6-0.
NºPágs: 174. Peso: 257grs. Medidas: 15x23cm.
Encuadernación: rústica con solapas.
C/IVA 18€ / S/IVA 17,31€

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Jesús Díez Fernández nació en Sopeña de Curueño (León). Libros publicados, Poesía: Aldabas de otro mar, Pentagrama de neón, Nogal de pergamino, Cariátides del Sur, Clepsidra de otoño, Velamen del poniente, La nieve ¿Qué silencio?, Resumen de anatomía, Ser otoño del viento. Fotografía: Sendas y espejos, Miradas y ecos, Luz y narradores, Viajero sin brújula, Afluentes del Curueño, Miradas en lo invisible, Carbonilla en los ojos, El Curueño, donde la luz es memoria. Narrativa-Relatos: A devanar a devanar, Antes de punto y aparte, Anteayer y la nieve, El niño del Tren Hullero, Como se citan dos máscaras, Equipaje del olvido, No puedo saltar mi sombra, Sin reloj por la vida, La nieve sin derretir, Las ciudades que soy, Viajeros que regresan al Tren Hullero, Escribir, atravesar la noche.

Una maleta con cartas. Febrero de 1939, una niña de seis años llega caminando con sus padres y herman, como otros miles de españoles del éxodo y del llanto al puesto fronterizo de Port Bou, y son internados en el Campo de Refugiados de Argelès-sur-Mer: una ciudad edificada con miles de vencidos, fortificada de alambradas sobre los arenales húmedos. Ochenta años después, esa “niña”, hace el viaje de regreso en un tren por lugares que encabezan las cartas escritas por su padre desde el exilio. El único equipaje que lleva, ligero y pesado a la vez, es una maleta de cuero muy gastado, repleta de correspondencia… “Quiero escribir lo vivido hasta atisbar el mar que lo coge, lo fijado por las olas en el velamen de las telas arañadas como renglones de la vida, en las velas latinas de las barcas de los pescadores que veo regresan de faenar, y que mi padre, seguramente, veía partir y arribar a esta costa en sus días y noches de exilio. Quiero contemplar la ausencia en la presencia y el saber del que espera, sin que le inquiete que se prolongue el viaje en alta mar. Desde aquí miro y escucho las horas de un viajero que recorría caminos de la tarde, sabiendo que no hay caminos sino estelas en la mar.